sábado, 7 de noviembre de 2009

Extraño... extravío.


Que me busquen, entre los cadaveres de niños
pues me he perdido entre la espesura de mis pesares bizarros.
La juventud de mis años, desvanecida en el olvido,
se entremezcla con mis siglos pasados.
Que me busquen entre las aguas del cielo
por si mi alma famélica se fue con el vapor de mis lagrimas
y en algún guijarro de hielo se ha condensado
viajando en el blandir sinuoso del viento;
quizá han de hallarme entre las espinas de un espino
o entre las hojas de un cedro albino.
Que me busquen entre las flores del ciruelo,
en las tardes frías del invierno y las noches tibias del verano,
escarvando rocas con los dedos
y con la esperanza escrita en las manos.
Que me busquen, como yo me he buscado,
que retornen mis silencios y mis días calmados,
que la voz de los zorzales digan que he regresado
entre los rayos matutinos de un sol cansado.
Que me busquen si me han olvidado
y si por ahí alguien me ha encontrado
que no se engañe y me siga buscando
pues me he perdido entre la sombra de una nube que paso
mientras dormía en tu regazo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Singular, perturbador, que después de este post, te hayas perdido...

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